22.5.11

Primer Año de Piñera: Pedaleando Hacia un Chile Estable

Después del discurso del 21 de Mayo, por un momento pareció como que viviéramos en un país entendible. Pero luego de escuchar y recordar las declaraciones políticas que se fueron generando, es evidente que siempre han estado haciendo lo mismo, lo que les conviene. La bicicleta del empate es la que mueve al mundo político.

Una cosa es que la concertación busque modificar la ley del post-natal. Otra muy distinta es que la ministra reclame que porque durante los gobiernos de la concertación se redujo el fuero, eso justifique que ahora se haga otra vez. Más lejos va el hecho de que cambiar el límite de la cobertura invierta totalmente (para ellos) la funcionalidad, de una ley netamente pro ISAPRES. Pero rayando en la demencia, como de costumbre, se encuentran las declaraciones de Longueira, tildando la situación cómo “el inicio de la destrucción de la democracia chilena”.

No está demás decir que la verdad queda hace tiempo atrás. No importa, al parecer, no es útil. Porque si realmente les importaran los menores y la maternidad: las familias, estaríamos hablando de eso. Si realmente fuesen importantes la discriminación laboral para con la mujeres del país, la ley no sería discriminatoria y establecería un postnatal tanto para padres y madres, por igual (como en efecto ocurre en muchos países desarrollados que han logrado mitigar la desigualdad de géneros en el ámbito laboral). Pero en fin, terminamos con una propuesta francamente “indecente”: el trabajo de mujeres de menor ingreso vale menos que el de los hombres en ese tramo: están obligadas a tomarse el postnatal. Para las afortunadas que del tramo superior, las familias tienen menos derechos: los niños, menos derecho al tiempo de sus mamás. Y porque no decirlo, si el postnatal es conversable y con un tope máximo de sueldo, es estar atadas de manos; al final no se puede optar por eso, como tantas otras cosas virtualmente opcionales.

Análogamente, podemos decir que el proyecto en Aysén puede o no destruir un paño de tierra pequeño e irrelevante, o, dramáticamente endémico y fundamental para la sustentación de toda la biodiversidad del país y la biósfera. Otra cosa distinta es señalar que porque la concertación realizó más de cien proyectos termoeléctricos, esto valida hacer cualquier cosa. Para ir más lejos, habría que dar una cifra cuestionablemente sorprendente sobre cuánta de esta energía va para la minería, mientras el vacacionante biministro de Minergía, y “HomeCenter”, tratan de hacer que compremos la ampolletas chinas ahorradoras, que cuestan cada vez… ¿Más caras (en el país)? Pero, rayando en la demencia, como de costumbre, se encuentran las excelentes declaraciones de Larraín, diciendo que los comunistas debiesen hacer una represa llena de sangre porque son los “patrones de Czarnobyl”, que sus alegatos no tienen fundamento.

Asimismo, la verdad quedó hace tiempo atrás porque parece no serle útil a nadie. Por qué si realmente les importara lo que paga la industria y el consumidor por los servicios básicos no estaríamos privatizando las sanitarias (y pedazos de CODELCO); y regalando el agua a monopolistas energéticos, atando ambos recursos esenciales para el desarrollo doméstico. Si realmente el estado estuviese comprometido con la micro, pequeña y mediana empresa, y el ciudadano, tendría una política racional que asegurase el acceso a, por lo menos, lo que la constitución, al parecer, al día de hoy, simplemente propone o sugiere. Si les importara el planeta, sería otro Chile: nos obliga a partir de la base que no…

El país no puede sostenerse sobre la base de la mediocridad. Porque anteriormente se hayan hecho las cosas muy mal, no da derecho a hacerlas “Cada día Peor”. De lo contrario, seguimos pedaleando en esta bicicleta mediocre, dónde cada vuelta es igual de mala que la anterior.

Porque, si realmente les importara el ser humano promedio, les importaría aliviar y facilitar la forma de vida de los chilenos. Sopesaríamos la conveniencia del tratado TransPacífico, y de la participación de consideraciones gringas en el comercio de nuestro país "pirata" con Asia, particularmente en temas de propiedad, importación y consumidores. Hubieran "googleado" lo mínimo, antes de prohibir y pasar el bochorno lacrimógeno. Habría soluciones más serias que agarrarse a palos como encapuchados y pacos. Habría declaraciones más serias para el post-natal, que amenazar con que nos van a mágicamente superfiscalizar el tema de los reflujos. Habría realmente plata y preocupación en el desarrollo de energías no convencionales, y la creación de una política energética razonable (que lógicamente considere los aspectos de una economía doméstica normal, en serio).

30.8.10

Mapuches: Pueblo con Hambre de Justicia

Hoy, como nunca antes, estamos con ganas de echarnos encima a medio mundo: la huelga de hambre de los 32 reos alcanzó bastante ruido como para que la cobertura mediática le de horas extras. Como setas después de la lluvia, aparecen, de repente, todos los comunicadores políticamente correctos a anotarse unos puntitos con cualquier postura ambigüa y piadosa. Ni decirlo, tampoco es fácil tomar el tema con meridiana seguridad: hay delitos por parte de los comuneros mapuches ciertamente; hay también mucho abuso del poder policial. Súmele a eso, lo de siempre: políticos que roban, estafan, se arreglan con los dirigentes y las empresas, mienten y engañan. Con esa mezcla ya tiene lo más importante, sólo le faltan una botella, un calcetín y un encendedor.

Pero la pregunta queda botando y rebotando. ¿Caen estas personas en la categoría de terroristas? Ante todo, hay que tener en cuenta que estas personas no son los mapuches, como dicen: son un grupo dentro de los mapuches. Incluso, para plantear cuestiones tan controversiales como el autogobierno de Wallmapu hay dos maneras: la forma pacífica y la armada. Y no todos los mapuches; ni siquiera todos los pertencientes a organizaciones como el Wallmapuwen, se ven involucrados en situaciones tan incendiarias, o supuestos decomisos montados, de subametralladoras y granadas, de manera que, entendámoslo de una buena vez: no cabe la menor duda de que este grupo de personas es sólo una porción de chilenos, con más o menos tradición mapuche, quienes se adjudican el título, a punta de arbitrarios y estruendosos gritos vandálicos, y a pesar de todos los malamente aludidos. Hay que recordar las sabidas vinculaciones de esta gente con las facciones violentas del movimiento okupa (también constituído por mucho más que sólo los vándalos que le declaran la guerra al estado y que salen en la tele sólo cuando se los llevan cana) más que prueba fehaciente, es ilustrativo ejemplo de sobre qué estamos hablando. Para coronar solo hay que recordar frasecitas como las que fueron parte del comunicado del 20 de Octubre del año pasado en dónde la coordinadora Arauco Malleco hacía referencia a unos tratados de 1800:
...Manifestamos públicamente nuestra renuncia a la nacionalidad Chile, y declaramos territorio de la Nación Autónoma Mapuche desde río Bío bío al Sur, a partir del reconocimiento explícito que el estado hace sobre su existencia en el Tratado de Tapihue de 1825 Artículo 19. Por lo cual damos por terminado todo dialogo con la República de Chile y le declaramos la guerra, desde hoy 20 de octubre de 2009 en adelante y llamamos a todas aquellas comunidades a seguir la misma senda para poder lograr la expulsión completa a todos aquellos objetivos que operan en nuestra Nación Mapuche...
Frente a esto, empezar a hablar de que es la zona más pobre de Chile al voleo es poco serio si se piensa: que la de Temuco es una de la ciudades más ricas del país; que el instrumento que se usa para medir eso es el PIB per cápita (incapaz de ilustrar las condiciones de vida reales); que gran parte de este tipo de activismo proviene de la Región Metropolitana, y que en definitiva el reclamo de los huelgistas no tiene que ver con esto. Sacar el tema de supuesta la discriminación con la que la sociedad chilena trata a los mapuches no solamente es un canto a nunca quedar mal con nadie, sino que es una soberana impertinencia que enardece a muchos fanáticos. Los mapuches no son más dicriminados que los viejos, los homosexuales, los pobres, los negros, y tantos otros que no se vuelven terroristas... Aseveraciones como que al aplicar la legislación antiterrorista lo único que permite es traer herramientas no transparentes al juicio desvirtúan completamente el análisis: la ley antiterrorista permite traer herramientas que sirven para lidiar con terroristas, lo otro sería la ley antitransparente.

El régimen de la represión lo vivimos todos. Todos vivimos en un país dónde venden el derecho de las aguas unilateralmente; dónde concesionan las autopistas a gigantes empresas voraces e inescrupulosas; dónde la mayor cantidad de los beneficios de los recursos minerales no renovables de la tierra los obtienen los dueños de empresas extranjeras a las que el gobierno simpre está intentando dar otro beneficio más (cómo la inamovilidad); dónde la delgadísima fachada de la preocupación ambiental solo sale a relucir momentánea e impropiamente cuando se les arroja a la cara la inconsistencia y el descaro de las promesas de campaña a los gobernantes; dónde el rector de una de las diez universidades mas importantes del país tiene el descalabro de decir que a veces no conviene cumplir las promesas de campaña (como si estas fuesen una especie de competencia creativa) y que eso es normal; dónde las farmacias se coluden; las encuestas se modulan, y el presidente es dueño de los medios de comunicación. Sin embargo hay muchos que aguantamos y alegamos, para intentar un país mejor: no abdicamos de Chile ni de ser chilenos; la lucha no es a costa de lo que sea ni menos del país (que es por lo que se pelea de todas formas).

Al igual que en las cuestiones medioambientales, ahora, todos los iluminados quieren escuchar las organizaciones lideradas por los países desarrollados. Países que en su momento, lisa y llanamente, exterminaron a los habitantes originarios de sus tierras Y si es por hablar de cuestiones ancestrales y tocar fibras irracionales, es bien simple pedir que se tengan consideraciones si el problema no lo atañe a uno. Incluso, pensarán, que Chile debería de entregarles soberanía. Total el problema, en su caso, es mínimo, lo solucionaron sus ancestros en un 99%. Como siempre, los de siempre, llegan primero sin seguir las reglas, y ahora imparten para el resto condiciones para recorrer el camino. Y sin ánimo de ni siquiera insinuar que no se deban hacer las cosas de la manera correcta (a pesar de que muchos otros países las hallan conseguido por otros medios), no deja de ser indigninante la impertinente intromisión de los llamados países desarrollados: es papaya volverse una potencia mundial avanzada después de siglos del trabajo gratis de los esclavos; es chancaca tener una democracia estable y un pueblo homogéneo si en su momento exterminamos a los nativos; es botado conseguir los bajos costos competitivos, y energía de sobra, si consumimos indiscriminadamente los combustibles fósiles de todo el planeta; regalado mantener soberanía y control económico sobre los yacimientos de oro negro en medio oriente, si estamos empecinados en mantener abiertamente declarada, una mediática guerra antiterrorista casi contra toda una religión.

Además, está el tema de los supestos derechos ancestrales. Uno puede entender la necesidad de realizar actos simbólicos de reconocimiento, pero eso de los derechos ancestrales es un argumento que no se sostiene: lo mismo ocurre con Rapa Nui, cuando Leviante Araki se escapa con los tarros, hablando y firmando tratados en supuesta representación de su gente (al igual que estos activistas que se llaman a sí mismos representantes de los mapuches). Y no digo que a muchos no nos hubiera gustado nacer en un país desarrollado como Francia, pero ese no es el espíritu: derechos ancestrales no es más que decir: nuestros tátara-ancestros (ya sea en términos de sangre o cultura) estuvieron viviendo allí antes: así de territorial. El problema es que pasados cien años, esa posición no tiene ni pies ni cabeza. Por un lado, hay que tener claro que cualquier cosa que hagamos no va a reparar las ignominias que se cometieron durante guerra y doscientos años de historia de Chile a otras personas, no a esta gente que ahora reclama. Por otro ¿Qué cara nos pondrían si los chilenos vamos a reclamarle derechos ancestrales a España? O peor aún, si uno tiene ascendencia que proviene de multiples lugares de europa, y además, de los indios del norte y del sur ¿Podría reclamar más derechos ancestrales? ¿O quizá menos y es un derecho inherente a la pureza de la sangre? Si el tópico se refiere a la cultura, es igual de ridículo ¿Podrían venir los herederos de la gente que originalmente construyó los moais a reclamar derechos y demandar la evacuación de los actuales habitantes Rapa Nui porque sus ancestros habían vivido ahí? No hay para que seguir ilustrando lo absurdo, ambigüo y arbitrario del concepto. Pero si la mayoría de la población heredera de las costumbres Mapuches es urbana, y más del 40% vive en Santiago.

Ahora bien, para recapitular, de si los actos son o no meritorios de juzgarse con una ley antiterrorista, y sin perjuicio de que la ley sea perfeccionable, hay que mirar todo el panorama: las recomendaciones de algunos organismos internacionales en esta materia pueden tener un enfoque bastante equívoco y no pasan de ser recomendaciones; además, es de esperar que el mismo tipo de curas que quería perdonar los crímenes de lesa humanidad, vayan a salir defendiendo a los imputados. Fuera de esto, hay que empezar a cuestionarse la real validez de los reclamos tan ancestrales que van más allá de lo simbólico (sin menoscabar la memoria de quienes pudieron ser atropellados por las atrasadas políticas de antaño). Quizá haya que preguntarse lo evidente: ¿Son actos destinados a difundir terror? ¿Hay una ideología política detrás? ¿Hay una organización criminal y contundente que preste apoyo? Y claro, no hay muertes, pero el tenor de los crímenes es evidente y la ley antiterrorista los juzgará por actos incendiarios, pero bajo el paradigma terrorista. Es inexplicable cómo la CAM declara la guerra al estado de Chile y pretende que este no responda con juicios y leyes de corte antiterrorista o marcial. Para ponerlo en otras palabras ¿Vamos a esperar a vernos obligados a juzgar los peores crímenes de todos con la ley antiterrorista?